Argumento: El humor de Faemino y Cansado es parecido, pero no es lo mismo. Y no es lo mismo porque es un humor puro, un humor sin aspavientos, un humor que lo ves venir de frente y te es imposible esquivar, atacando directamente nuestro almacén de endorfinas y escapando, sin ningún pudor, a través de nuestras amígdalas. Es parecido, porque lo llevan haciendo más de dos décadas, pero no es lo mismo porque Faemino y Cansado no importa tanto lo que cuentan sino cómo lo cuentan. Llevan años encontrándose con el mismo chaval de la moto antes de llegar al teatro, pero cada vez que lo cuentan, no es lo mismo.
Faemino y Cansado no son dos humoristas mediáticos, no necesitan los canales de televisión para vender sus historias, pero llenan los teatros donde quiera que van, con el único argumento de sus conversaciones sacadas de lo absurdo y su interpretación rayando la excelencia. Faemino lleva el humor pegado al cuerpo. La mímica que desarrolla se podría comparar a la de los grandes maestros del mimo, pero mezclada con unos diálogos ingenuos, delirantes e irracionales que te sumergen en una espiral paranoica y sublime. Por otro lado, Javier Cansado, hace el papel que hacen los directores de pista en el circo; no deja de hablar desde el comienzo al final del espectáculo. Sus palabras fluyen rápidas y concisas como el charlatán de feria, manejando en todo momento los tempos de la función y haciendo de eje sobre el que gira la misma. Pero lo más fascinante de Faemino y Cansado es su virtud para que todo el espectáculo parezca ser improvisado, como si al salir a escena se pusieran a charlar de lo primero que les viniera a la mente o a contar lo que les sucedió al caminar hacia el teatro, o tal vez, tomando el té antes del espectáculo. Da la sensación de que no tienen ningún guión estudiado y ahí, realmente, es donde reside el éxito de esta pareja incombustible, porque, parecido no es lo mismo.