El 22 de septiembre en el Teatro Principal.
La literatura y la música tienen un idéntico afán expresivo, estético y trascendente; sin embargo pocas veces se entrecruzan sin predominio ni vanidad y con generoso entendimiento. Pero cuando sucede, sucede la magia: palabras y melodías comparten una mirada del mundo conformando un lenguaje expresivo único, acoplándose con una misma intención poética, hermanadas en una misma esencia y percepción de la belleza.
Cien años de soledad y 50 de cante pueden hacer leyenda. Tanto, que dieron forma a un proyecto musical ‘imaginario’ que hoy se ha visto materializado en un homenaje flamenco: “Cuando Lebrijano canta, se moja el agua”. Un verdadero encuentro entre el flamenco y el realismo mágico de García Márquez, en donde lo fantástico e irreal se nos revela como algo posible. Unos relatos adaptados magistralmente y una concepción del flamenco lejos de lo convencional han dado nacimiento a este concierto embriagador y misterioso que sitúan nuevamente a El Lebrijano en lo más alto del cante y del sentir.
Un día, el escritor colombiano Gabriel García Márquez dedicó una frase empañada de metáfora al cantaor andaluz Juan Peña: “Cuando Lebrijano canta, se moja el agua”.
Con este nuevo trabajo, Juan Peña vuelve a demostrarnos que sigue siendo un artista fuera de lo común. Un creador valiente, un gitano de vanguardia que “hace camino al cantar”.
Aunque con un completo dominio de los palos más ortodoxos, desde los comienzos de su carrera quiso derribar los diques que contenían al arte flamenco para dejar que estos se expandieran en libertad en todas direcciones. Así, la alquimia de su voz profunda y erudita consiguió nuevas formas para universalizar el arte jondo. Su cante ha viajado en dirección contraria al tiempo para rescatar los sonidos de la vieja Al-Andalus y para ello ha cruzado el estrecho hasta encontrarse con otras músicas que habitan al sur del sur.
A todo ello, le ha ido sumando sinfonías, cantos tradicionales y nuevos ritmos hasta componer un mosaico de geometrías y colores impensables.
Ahora, la voz navegante de El Lebrijano sigue imparable en su búsqueda de culturas y se atreve a desafiar la distancia atlántica. Y no es para menos, al otro lado del océano le estaba esperando la fascinante palabra escrita de un narrador inmenso. Andalucía y Colombia se encuentran así, en este disco, que es todo un símbolo de esa diversidad que también representa a ambos territorios. De ese rico compendio de tradición y modernidad que es el santo y seña de nuestras culturas. El vínculo que las aproxima hoy no es otro que el flamenco, la expresión artística más inherente y genuina del pueblo andaluz y que tiene, entre sus muchos palos, uno bautizado como colombiana. Colombia se acerca a Andalucía mediante el tesoro literario de un escritor monumental, Andalucía se acerca a Colombia a través de la garganta prodigiosa de un artista único, que no conoce distancias.
Ambos han salvado un océano, un desierto de agua impaciente por acabar completamente empapada.
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